Esta experiencia la he vivido en un curso de coaching de equipos que he realizado recientemente con el EFIC (www.efic.es) en Sevilla. La sesión estuvo dirigida por Angel Luis Sánchez, que le dió a cada ejercicio su sentido para trabajarlo al máximo.

Se trataba de un ejercicio con los ojos tapados y caminar descalzo sobre lo que parecían cristales rotos.

Lo primero que ocurre es que la mente se crea toda una serie de imágenes ya que al estar con los ojos cerrados, las referencias visuales se pierden por lo que sólo es el oído el que funciona y de qué manera.

A ello le unes todas mis creencias sobre situaciones similares y ya tienes el cocktail perfecto para que tu cuerpo se paralize y pienses en la huida o directmente en no hacer nada.

Para mí el éxito se centró en mi posicion corporal. Cuando más miedo tenía más recto me ponía. Era como decirle a tu mente, eh que el cuerpo está aquí y que una parte de mi quiere seguir. La mente consigue un nuevo enfoque ante la misma situación.

A mitad del camino, el miedo no desapareció sino que pude convivir con él y… seguir mi camino. No se trata de enfrentarnos y luchar contra nuestros miedos sino reconocer su intención positiva para que se convierta en un aliado.

Pruébalo. Cuando te paralize una situación desconocida. Párate. Toma conciencia de dónde estás y de cómo está tu cuerpo. Mueve la cabeza, es importante, que esté derecha e incluso un poco elevada. Se abre un canal mental que te permite el buscar nuevas opciones y…

Adelante, porque quizás es sólo tu mente la que te impide moverte, o no.